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Desde el patio, ‘El Ojos’ enfrentó a marinos
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Desde el patio, ‘El Ojos’ enfrentó a marinos

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El rojo abunda en el inmueble, no sólo porque las paredes están pintadas de ese color sino por la sangre seca del piso

Milenio | Ciudad de México.- La vigilancia instalada en Tláhuac, tras el enfrentamiento en el que murieron ocho presuntos narcomenudistas, contrasta con el abandono que hay en la escena del crimen.

Automovilistas que circulan en la zona son sometidos a una inspección, mientras que la casa de Felipe de Jesús Pérez Luna, El Ojos, líder del llamado cártel de Tláhuac, sólo está cerrada con un cordón.

Al entrar, una mancha de sangre en la tierra y una camioneta Chrysler Voyager 2005 con al menos 14 perforaciones por arma de fuego son los primeros indicios del enfrentamiento.

El rojo abunda en el inmueble, no sólo porque las paredes están pintadas de ese color sino por la sangre seca del piso, donde murieron ocho personas tras la balacera con marinos.

En el lugar sólo hay sillas, una parrilla, un tanque de gas, un microondas, trastes y un fregadero.

Los dos cuartos de la casa de una sola planta quedaron intactos, sin manchas de sangre; solo hay algunos muebles, una televisión de plasma y un módem. También hay un baño pequeño en donde el silencio se rompe con el gotear del agua en el piso de loseta.

Uno de ellos estaba recién pintado y el piso preparado para que se colocara la loseta. En él quedó una maleta, una bicicleta, otro mueble y una puerta que da hacia la calle.

Está ubicada en la calle Simón Álvarez, entre Adolfo Unda y Magdaleno Ita, donde es constante ver a personas caminar o en motonetas que miran a quienes se acercan a la escena del crimen, van de una esquina a otra y regresan.

No ven la casa de El Ojos, sino a quienes están alrededor. La gente que sale de sus casas se mete o prefiere no hablar sobre lo ocurrido ayer en la mañana.

Horas más tarde, fue colocada una cadena para cerrar el inmueble hasta que elementos de la Marina y la PGR colocaron sellos al inmueble.

Entrar a la colonia Conchita Zapotitlán, en Tláhuac, es sentirse vigilado. Motociclistas con cámaras en los cascos, mototaxistas, personas en bici o caminando: las miradas se cruzan con extraños; vecinos salen de sus casas y siguen con la vista a quienes transitan en la zona.

Ayer las calles de Tláhuac estaban custodiadas por marinos, policías federales, agentes de PGR y policías capitalinos ante posibles ataques en represalias por la muerte del líder del llamado cártel de Tláhuac.

Hoy sólo se ven oficiales capitalinos haciendo retenes. “Estamos aquí desde temprano para tratar de inhibir delitos”, comentó el policía que paró al conductor del Volkswagen.

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